Silencio
Se puede hablar y no hablo,
de tanta miseria difuminada en las mentes
de sonrisas y llantos que van de la mano
de espejos que se parten al contemplarlos.
Se puede hablar y no hablo,
de lo extraño de la vida y su camino
de suspiros descompasados y la muerte
de caricias repentinas y la suavidad del momento.
Se puede hablar y no hablo,
de personas que dijeron a dios sin poder evitarlo
de miradas perdidas y encontradas en el tiempo
de los sueños y sus realidades grabadas en el recuerdo.
Se puede hablar y no hablo,
de los acontecimientos que golpean la mente
de los sin sabores que deja lo andado
de lo mucho, de lo poco y de aquello que no existe.
Se puede hablar y me callo.
Rubén M.
Esto que estás leyendo, tan solo; son frases entrecortadas lanzándose airadas.
"La vida es un único verso interminable"
Gerardo Diego (Ángelus, Imagen, 1918-1921)
1 mar 2014
10 ene 2014
COMPAÑERA SOLEDAD
Cuando sientes que el silencio
te contempla
y que su frío te desvela.
Cuando rozas su aliento gélido de palabra
y caes en el oscuro subterfugio de su morada.
Y no te ves ni a ti mismo.
Cuando los sentimientos se vuelven
gris ceniza de pleamar
y te encuentras como una colilla
sin humo, ni tabaco,
tan solo una colilla
que rueda sin parar.
Cuando el aire te impide respirar
y te notas caer a un mar sin agua
y ríes de alegría,
porque solo eres un trozo de papel.
Es cuando salpicas con tu sonido aciago
a tu mundo interior, aletargado y diáfano
y vuelves la mirada
y tan solo estas
con tu soledad,
tan sola.
Cuando te asomas por tu ventana
y encuentras aquello que olvidaste
o dejaste perdido en el tendedero
del recuerdo.
Se te escapan los momentos
y se vuelven azúcar quemado
y al momento caramelo dulce de deseo.
Cuando crees que todo
no es más que un suspiro
descompensado y errático
y tú, tan solo el aire perdido en cada respiración.
Silban a lo lejos
tarareando viejas canciones,
de grandes gestas y grandes derrotas
y a la vez golpean suaves maderas
creando ritmos de marchas ciegas.
Cuando ya no importa
ni el donde,
ni el ahora,
ni el después
y caer
es caer.
Y todo se vierte desde tu tablero de cuadros
y se convierte en un juego de damas,
donde el comer por comer
gana el sentido al masticar.
Y donde callar a veces te hiere
por los sonidos que guardas,
tan solo,
solo
te encontrabas,
con tu soledad compañera de viaje
y con tu simple y llano respirar.
Cuando sientes que el silencio
te contempla...
Rúben M.A.
Cuando sientes que el silencio
te contempla
y que su frío te desvela.
Cuando rozas su aliento gélido de palabra
y caes en el oscuro subterfugio de su morada.
Y no te ves ni a ti mismo.
Cuando los sentimientos se vuelven
gris ceniza de pleamar
y te encuentras como una colilla
sin humo, ni tabaco,
tan solo una colilla
que rueda sin parar.
Cuando el aire te impide respirar
y te notas caer a un mar sin agua
y ríes de alegría,
porque solo eres un trozo de papel.
Es cuando salpicas con tu sonido aciago
a tu mundo interior, aletargado y diáfano
y vuelves la mirada
y tan solo estas
con tu soledad,
tan sola.
Cuando te asomas por tu ventana
y encuentras aquello que olvidaste
o dejaste perdido en el tendedero
del recuerdo.
Se te escapan los momentos
y se vuelven azúcar quemado
y al momento caramelo dulce de deseo.
Cuando crees que todo
no es más que un suspiro
descompensado y errático
y tú, tan solo el aire perdido en cada respiración.
Silban a lo lejos
tarareando viejas canciones,
de grandes gestas y grandes derrotas
y a la vez golpean suaves maderas
creando ritmos de marchas ciegas.
Cuando ya no importa
ni el donde,
ni el ahora,
ni el después
y caer
es caer.
Y todo se vierte desde tu tablero de cuadros
y se convierte en un juego de damas,
donde el comer por comer
gana el sentido al masticar.
Y donde callar a veces te hiere
por los sonidos que guardas,
tan solo,
solo
te encontrabas,
con tu soledad compañera de viaje
y con tu simple y llano respirar.
Cuando sientes que el silencio
te contempla...
Rúben M.A.
3 ene 2014
AHORA O NUNCA
I.
Parece que se escondieron nuevamente las palabras
a un paso de la letanía y el tedio.
Parece que dibujaron con su brisa el frío de los pensamientos.
A veces te lanzas o se lanzan,
errantes, vespertinas
curiosas, inquietantes.
Son ya muchas veces
las que intento describirlas,
otras veces
las que me describen a mí son ellas.
Con su paso pausado y rápido,
cambiantes y lo vuelvo a decir
errantes,
porque no tienen sentido al principio
y al final parece que tampoco.
El caso es que mascullan escondidas y caen repentinas
como luces de estrellas vivas,
en el océano muerto de la hoja.
Que ilusión de formas
que paisaje de tinta y comas,
la mirada se vuelve contemplativa
y vuelve el ritmo de palabra.
Lento y rápido
pausado y violento,
porque hace mucho que no se quejan
o lo hacen a su manera,
¿y que expresan?
Interconectan esta mente atrapada en el vacío
con su marcha,
su paso de palabra cambiante.
II.
Ya salieron
ya marcharon los pensamientos,
siempre caminaron, pero a veces se detenían.
Para respirar
respiraciones suaves y rítmicas,
para expresar
las profundidades de la noche y el día.
Seguramente caían a golpe de desconcierto
fulgurantes estrellas erráticas vespertinas,
golpeando al tiempo presente del olvido.
Cotidianamente
se miraban y reían
qué decir de sus sentimientos,
silencio,
de nuevo de palabra fría.
III.
¡Salir!
¡Rápido!
¡Deprisa!,
y no salían,
se quedaban boquiabiertas contemplándome
en la noche fría.
Os lo digo de nuevo
¡Salir de ahí!
¡Donde quiera que esteís!
¡Os estoy esperando!
Se ocultaban entre sombras
de recuerdos y lejanía.
Se lo volví a repetir una y otra vez
y tan solo
me encontraba sin ellas.
¿O no?,
las había engañado de nuevo
y aquí estaban.
Se pararon y contemplaron
y rieron y no se enfadaron,
pues eran ellas las que elegían.
Ahora o nunca,
eso decían.
Y es por eso,
tan solo por eso.
Se encontraban acompañadas unas de otras,
tan diferentes, tan iguales
y rápidamente se fueron.
Porque sentían que eran demasiadas
y ya nada mas decían.
Volvieron al oscuro silencio
de la palabra no escrita.
Rúben M. A.
I.
Parece que se escondieron nuevamente las palabras
a un paso de la letanía y el tedio.
Parece que dibujaron con su brisa el frío de los pensamientos.
A veces te lanzas o se lanzan,
errantes, vespertinas
curiosas, inquietantes.
Son ya muchas veces
las que intento describirlas,
otras veces
las que me describen a mí son ellas.
Con su paso pausado y rápido,
cambiantes y lo vuelvo a decir
errantes,
porque no tienen sentido al principio
y al final parece que tampoco.
El caso es que mascullan escondidas y caen repentinas
como luces de estrellas vivas,
en el océano muerto de la hoja.
Que ilusión de formas
que paisaje de tinta y comas,
la mirada se vuelve contemplativa
y vuelve el ritmo de palabra.
Lento y rápido
pausado y violento,
porque hace mucho que no se quejan
o lo hacen a su manera,
¿y que expresan?
Interconectan esta mente atrapada en el vacío
con su marcha,
su paso de palabra cambiante.
II.
Ya salieron
ya marcharon los pensamientos,
siempre caminaron, pero a veces se detenían.
Para respirar
respiraciones suaves y rítmicas,
para expresar
las profundidades de la noche y el día.
Seguramente caían a golpe de desconcierto
fulgurantes estrellas erráticas vespertinas,
golpeando al tiempo presente del olvido.
Cotidianamente
se miraban y reían
qué decir de sus sentimientos,
silencio,
de nuevo de palabra fría.
III.
¡Salir!
¡Rápido!
¡Deprisa!,
y no salían,
se quedaban boquiabiertas contemplándome
en la noche fría.
Os lo digo de nuevo
¡Salir de ahí!
¡Donde quiera que esteís!
¡Os estoy esperando!
Se ocultaban entre sombras
de recuerdos y lejanía.
Se lo volví a repetir una y otra vez
y tan solo
me encontraba sin ellas.
¿O no?,
las había engañado de nuevo
y aquí estaban.
Se pararon y contemplaron
y rieron y no se enfadaron,
pues eran ellas las que elegían.
Ahora o nunca,
eso decían.
Y es por eso,
tan solo por eso.
Se encontraban acompañadas unas de otras,
tan diferentes, tan iguales
y rápidamente se fueron.
Porque sentían que eran demasiadas
y ya nada mas decían.
Volvieron al oscuro silencio
de la palabra no escrita.
Rúben M. A.
26 dic 2013
NEGRO ESPERANZA
Hace tiempo
que el tiempo se detuvo,
perplejo, instintivo,
quizás
por el momento presente que se
presentaba.
De nuevo, nuevamente en el camino
se detuvo,
al igual que yo y me contempló,
¿o fui yo a él?
da igual, no importa,
el caso es que nada fue lo mismo.
Anduve errante,
aletargado pero apremiante,
mis pensamientos condicionados o
coaccionados
me distraían del todo,
qué decir de aquella tarde,
tan solo escuchaba el silencio.
Qué decir del ahora
abstracto, efímero, irritante,
por donde escapar del aliento gélido de
realidad
que golpeaba y golpeaba sin descanso.
Yo cual fuente
bebía y bebía de él
sin encontrar respuesta posible,
y sin ni siquiera poder embriagarme de
él.
Porque era áspero e hiriente
y a cada trago sangraba parte de mi ser,
que desazón y que curiosa sin razón,
porque lo que escupía eran partes que no
conocía,
respuestas a preguntas no formuladas,
acciones sin acción,
acabadas.
Pensamientos voraces sin palabras,
que era todo aquello si no parte de mí,
en aquel momento.
Todo se desdibujaba,
aquel paisaje entremezclaba el blanco de
la nada,
con el negro de la noche,
que se escapaba.
Para los colores no cabía espacio,
eran demasiado brillantes.
Por donde poner los pies ahora,
si el suelo quema,
si el suelo se me clava,
y me hiere y me taladra,
de recuerdos y de palabras,
no lanzadas.
Si parece que todo se atrapa en mis pies
descalzos,
se enreda y me para,
tan solo puedo pararme por un momento
y ver que no es nada
y que la nada es en blanco
y yo soy el negro de la esperanza.
Parado,
contemplativo,
grito al aire frío de palabra
y ya puedo seguir con la frase,
el verso, de nuevo, nuevamente,
porque se detuvo el tiempo,
pero no mis pies negros descalzos de
esperanza.
Abatido, meditativo,
corro como si fuera a desparecer,
llenando mi vacío de nuevos recuerdos
pero siempre en negro,
color esperanza.
Rúben M.A.
20 dic 2013
A BLAS DE OTERO (Gabriel Celaya)
Amigo Blas de Otero: Porque sé que tú existes,
y porque el mundo existe, y yo también existo,
porque tú y yo y el mundo nos estamos muriendo,
gastando nuestras vueltas como quien no hace nada,
quiero hablarte y hablarme, dejar hablar al mundo
de este dolor que insiste en todo lo que existe.
Vamos a ver, amigo, si esto puede aguantarse:
El semillero hirviente de un corazón podrido,
los mordiscos chiquitos de las larvas hambrientas,
los días cualesquiera que nos comen por dentro,
la carga de miseria, la experiencia —un residuo—,
las penas amasadas con lento polvo y llanto.
Nos estamos muriendo por los cuatro costados,
y también por el quinto de un Dios que no entendemos.
Los metales furiosos, los mohos del cansancio,
los ácidos borrachos de amarguras antiguas,
las corrupciones vivas, las penas materiales...
Todo esto —tú sabes—, todo esto y lo otro.
Tú sabes. No perdonas. Estás ardiendo vivo.
La llama que nos duele quería ser un ala.
Tú sabes y tu verso pone el grito en el cielo.
Tú, tan serio, tan hombre, tan de Dios aun si pecas,
sabes también por dentro de una angustia rampante,
de poemas prosaicos, de un amor sublevado.
Nuestra pena es tan vieja que quizá no sea humana:
Ese mugido triste del mar abandonado,
ese temblor insomne de un follaje indistinto,
las montañas convulsas, el éter luminoso,
un ave que se ha vuelto invisible en el viento,
viven, dicen y sufren en nuestra propia carne.
Con los cuatro elementos de la sangre, los huesos,
el alma transparente y el yo opaco en su centro,
soy el agua sin forma que cambiando se irisa,
la inercia de la tierra sin memoria que pesa,
el aire estupefacto que en sí mismo se pierde,
el corazón que insiste tartamudo afirmando.
Soy creciente. Me muero. Soy materia. Palpito.
Soy un dolor antiguo como el mundo que aún dura.
He asumido en mi cuerpo la pasión, el misterio,
la esperanza, el pecado, el recuerdo, el cansancio,
soy la instancia que elevan hacia un Dios excelente
la materia y el fuego, los latidos arcaicos.
Debo salvarlo todo si he de salvarme entero.
Soy coral, soy muchacha, soy sombra y aire nuevo,
soy el tordo en la zarza, soy la luz en el trino,
soy fuego sin sustancia, soy espacio en el canto,
soy estrella, soy tigre, soy niño y soy diamante
que proclaman y exigen que me haga Dios con ellos.
¡Si fuera yo quien sufre! ¡Si fuera Blas de Otero!
¡Si sólo fuera un hombre pequeñito que muere
sabiendo lo que sabe, pesando lo que pesa!
Mas es el mundo entero quien se exalta en nosotros
y es una vieja historia lo que aquí desemboca.
Ser hombre no es ser hombre. Ser hombre es otra cosa.
Invoco a los amantes, los mártires, los locos
que salen de sí mismos buscándose más altos.
Invoco a los valientes, los héroes, los obreros,
los hombres trabajados que duramente aguantan
y día a día ganan su pan, mas piden vino.
Invoco a los dolidos. Invoco a los ardientes.
Invoco a los que asaltan, hiriéndose, gloriosos,
la justicia exclusiva y el orden calculado,
las rutinas mortales, el bienestar virtuoso,
la condición finita del hombre que en sí acaba,
la consecuencia estricta, los daños absolutos.
Invoco a los que sufren rompiéndose y amando.
Tú también, Blas de Otero, chocas con las fronteras,
con la crueldad del tiempo, con límites absurdos,
con tu ciudad, tus días y un caer gota a gota,
Con ese mal tremendo que no te explica nadie.
Irónicos zumbidos de aviones que pasan
y muertos boca arriba que no, no perdonamos.
A veces me parece que no comprendo nada,
ni este asfalto que piso, ni ese anuncio que miro.
Lo real me resulta increíble y remoto.
Hablo aquí y estoy lejos. Soy yo, pero soy otro.
Sonámbulo transcurro sin memoria ni afecto,
desprendido y sin peso, por lúcido ya loco.
Detrás de cada cosa hay otra cosa que es la misma,
idéntica y distinta, real y a un tiempo extraña.
Detrás de cada hombre un espejo repite
los gestos consabidos, mas lejos ya, muy lejos.
Detrás de Blas de Otero, Blas de Otero me mira,
quizá me da la vuelta y viene por mi espalda.
Hace aún pocos días caminábamos juntos
en el frío, en el miedo, en la noche de enero
rasa con sus estrellas declaradas lucientes,
y era raro sentirnos diferentes, andando.
Si tu codo rozaba por azar mi costado,
un temblor me decía: "Ese es otro, un misterio."
Hablábamos distantes, inútiles, correctos,
distantes y vacíos porque Dios se ocultaba,
distintos en un tiempo y un lugar personales,
en las pisadas huecas, en un mirar furtivo,
en esto con que afirmo: "Yo, tú, él, hoy, mañana",
en esto que separa y es dolor sin remedio.
Tuvimos aún que andar, cruzar calles vacías,
desfilar ante casas quizá nunca habitadas,
saber que una escalera por sí misma no acaba,
traspasar una puerta —lo que es siempre asombroso—,
saludar a otro amigo también raro y humano,
esperar que dijeras —era un milagro—: Dios al fin escuchaba.
Todo el dolor del mundo le atraía a nosotros.
las iras eran santas; el amor, atrevido;
los árboles, los rayos, la materia, las olas,
salían en el hombre de un penar sin conciencia,
de un seguir por milenios, sin historia, perdidos.
Como quien dice "sí", dije Dios sin pensarlo.
Y vi que era posible vivir, seguir cantando.
Y vi que el mismo abismo de miseria medía
como una boca hambrienta, qué grande es la esperanza.
Con los cuatro elementos, más y menos que hombre,
sentí que era posible salvar el mundo entero,
salvarme en él, salvarlo, ser divino hasta en cuerpo.
Por eso, amigo mío, te recuerdo, llorando;
te recuerdo, riendo; te recuerdo, borracho;
pensando que soy bueno, mordiéndome las uñas,
con este yo enconado que no quiero que exista,
con eso que en ti canta, con eso en que me extingo
y digo derramado: amigo Blas de Otero.
y porque el mundo existe, y yo también existo,
porque tú y yo y el mundo nos estamos muriendo,
gastando nuestras vueltas como quien no hace nada,
quiero hablarte y hablarme, dejar hablar al mundo
de este dolor que insiste en todo lo que existe.
Vamos a ver, amigo, si esto puede aguantarse:
El semillero hirviente de un corazón podrido,
los mordiscos chiquitos de las larvas hambrientas,
los días cualesquiera que nos comen por dentro,
la carga de miseria, la experiencia —un residuo—,
las penas amasadas con lento polvo y llanto.
Nos estamos muriendo por los cuatro costados,
y también por el quinto de un Dios que no entendemos.
Los metales furiosos, los mohos del cansancio,
los ácidos borrachos de amarguras antiguas,
las corrupciones vivas, las penas materiales...
Todo esto —tú sabes—, todo esto y lo otro.
Tú sabes. No perdonas. Estás ardiendo vivo.
La llama que nos duele quería ser un ala.
Tú sabes y tu verso pone el grito en el cielo.
Tú, tan serio, tan hombre, tan de Dios aun si pecas,
sabes también por dentro de una angustia rampante,
de poemas prosaicos, de un amor sublevado.
Nuestra pena es tan vieja que quizá no sea humana:
Ese mugido triste del mar abandonado,
ese temblor insomne de un follaje indistinto,
las montañas convulsas, el éter luminoso,
un ave que se ha vuelto invisible en el viento,
viven, dicen y sufren en nuestra propia carne.
Con los cuatro elementos de la sangre, los huesos,
el alma transparente y el yo opaco en su centro,
soy el agua sin forma que cambiando se irisa,
la inercia de la tierra sin memoria que pesa,
el aire estupefacto que en sí mismo se pierde,
el corazón que insiste tartamudo afirmando.
Soy creciente. Me muero. Soy materia. Palpito.
Soy un dolor antiguo como el mundo que aún dura.
He asumido en mi cuerpo la pasión, el misterio,
la esperanza, el pecado, el recuerdo, el cansancio,
soy la instancia que elevan hacia un Dios excelente
la materia y el fuego, los latidos arcaicos.
Debo salvarlo todo si he de salvarme entero.
Soy coral, soy muchacha, soy sombra y aire nuevo,
soy el tordo en la zarza, soy la luz en el trino,
soy fuego sin sustancia, soy espacio en el canto,
soy estrella, soy tigre, soy niño y soy diamante
que proclaman y exigen que me haga Dios con ellos.
¡Si fuera yo quien sufre! ¡Si fuera Blas de Otero!
¡Si sólo fuera un hombre pequeñito que muere
sabiendo lo que sabe, pesando lo que pesa!
Mas es el mundo entero quien se exalta en nosotros
y es una vieja historia lo que aquí desemboca.
Ser hombre no es ser hombre. Ser hombre es otra cosa.
Invoco a los amantes, los mártires, los locos
que salen de sí mismos buscándose más altos.
Invoco a los valientes, los héroes, los obreros,
los hombres trabajados que duramente aguantan
y día a día ganan su pan, mas piden vino.
Invoco a los dolidos. Invoco a los ardientes.
Invoco a los que asaltan, hiriéndose, gloriosos,
la justicia exclusiva y el orden calculado,
las rutinas mortales, el bienestar virtuoso,
la condición finita del hombre que en sí acaba,
la consecuencia estricta, los daños absolutos.
Invoco a los que sufren rompiéndose y amando.
Tú también, Blas de Otero, chocas con las fronteras,
con la crueldad del tiempo, con límites absurdos,
con tu ciudad, tus días y un caer gota a gota,
Con ese mal tremendo que no te explica nadie.
Irónicos zumbidos de aviones que pasan
y muertos boca arriba que no, no perdonamos.
A veces me parece que no comprendo nada,
ni este asfalto que piso, ni ese anuncio que miro.
Lo real me resulta increíble y remoto.
Hablo aquí y estoy lejos. Soy yo, pero soy otro.
Sonámbulo transcurro sin memoria ni afecto,
desprendido y sin peso, por lúcido ya loco.
Detrás de cada cosa hay otra cosa que es la misma,
idéntica y distinta, real y a un tiempo extraña.
Detrás de cada hombre un espejo repite
los gestos consabidos, mas lejos ya, muy lejos.
Detrás de Blas de Otero, Blas de Otero me mira,
quizá me da la vuelta y viene por mi espalda.
Hace aún pocos días caminábamos juntos
en el frío, en el miedo, en la noche de enero
rasa con sus estrellas declaradas lucientes,
y era raro sentirnos diferentes, andando.
Si tu codo rozaba por azar mi costado,
un temblor me decía: "Ese es otro, un misterio."
Hablábamos distantes, inútiles, correctos,
distantes y vacíos porque Dios se ocultaba,
distintos en un tiempo y un lugar personales,
en las pisadas huecas, en un mirar furtivo,
en esto con que afirmo: "Yo, tú, él, hoy, mañana",
en esto que separa y es dolor sin remedio.
Tuvimos aún que andar, cruzar calles vacías,
desfilar ante casas quizá nunca habitadas,
saber que una escalera por sí misma no acaba,
traspasar una puerta —lo que es siempre asombroso—,
saludar a otro amigo también raro y humano,
esperar que dijeras —era un milagro—: Dios al fin escuchaba.
Todo el dolor del mundo le atraía a nosotros.
las iras eran santas; el amor, atrevido;
los árboles, los rayos, la materia, las olas,
salían en el hombre de un penar sin conciencia,
de un seguir por milenios, sin historia, perdidos.
Como quien dice "sí", dije Dios sin pensarlo.
Y vi que era posible vivir, seguir cantando.
Y vi que el mismo abismo de miseria medía
como una boca hambrienta, qué grande es la esperanza.
Con los cuatro elementos, más y menos que hombre,
sentí que era posible salvar el mundo entero,
salvarme en él, salvarlo, ser divino hasta en cuerpo.
Por eso, amigo mío, te recuerdo, llorando;
te recuerdo, riendo; te recuerdo, borracho;
pensando que soy bueno, mordiéndome las uñas,
con este yo enconado que no quiero que exista,
con eso que en ti canta, con eso en que me extingo
y digo derramado: amigo Blas de Otero.
8 dic 2013
ENTONCES Y ADEMÁS (Blas de Otero,
Ancia)
Cuando el llanto, partido en dos mitades,
cuelga, sombríamente, de las manos,
y el viento, vengador, viene y va, estira
el corazón, ensancha el desamparo.
Cuando el llanto, tendido como un llanto
silencioso, se arrastra por las calles
solitarias, se enreda entre los pies,
y luego suavemente se deshace.
Cuando morir es ir donde no hay nadie,
nadie, nadie; caer, no llegar nunca,
nunca, nunca; morirse y no poder
hablar, gritar, hacer la gran pregunta.
Cuando besar una mujer desnuda
sabe a ceniza, a bajamar, a broza,
y el abrazo final es esa franja
sucia que deja, en bajamar, la ola.
Entonces, y también cuando se toca
las dos manos el vacío, el hueco,
y no hay donde apoyarse, no hay columnas
que no sean de sombra y de silencio.
Entonces, y además cuando da miedo
ser hombre, y estar solo es estar solo,
nada más que estar solo, sorprenderse
de ser hombre, ajenarse: ahogarse sólo.
cuelga, sombríamente, de las manos,
y el viento, vengador, viene y va, estira
el corazón, ensancha el desamparo.
Cuando el llanto, tendido como un llanto
silencioso, se arrastra por las calles
solitarias, se enreda entre los pies,
y luego suavemente se deshace.
Cuando morir es ir donde no hay nadie,
nadie, nadie; caer, no llegar nunca,
nunca, nunca; morirse y no poder
hablar, gritar, hacer la gran pregunta.
Cuando besar una mujer desnuda
sabe a ceniza, a bajamar, a broza,
y el abrazo final es esa franja
sucia que deja, en bajamar, la ola.
Entonces, y también cuando se toca
las dos manos el vacío, el hueco,
y no hay donde apoyarse, no hay columnas
que no sean de sombra y de silencio.
Entonces, y además cuando da miedo
ser hombre, y estar solo es estar solo,
nada más que estar solo, sorprenderse
de ser hombre, ajenarse: ahogarse sólo.
Cuando el llanto, parado ante nosotros...
4 dic 2013
Vuelvo a lanzar frases
al blanco aterrador
vuelvo a
descargar aquello escondido
transformándolo
en palabras conexas
pero sin
sentido.
El sentido no existe.
Golpes de pensamientos,
palabras
llamadas al
viento,
nombradas y utilizadas.
Cambio, duda,
ansiedad
realidad
cambiante de formas distantes.
El sentido es
algo abstracto.
La chispa, la fuerza,
el golpe,
difícil arrebatárselo
a la mente.
Confusa, atávica,
hiriente
cabizbaja y
sonriente.
Como expresar
aquello que no tiene palabras
metáfora, símil,
ironía,
todo se mezcla
con palabras carentes de sentido.
El sentido no existe, lo vuelvo a decir.
Unión, ritmo, espacio,
silencio.
El silencio,
qué gran palabra que no
habla.
El grito,
qué gran palabra enérgica,
viva, y altiva.
Significado inconexo de pensamientos,
descripción caótica
de momentos,
alegoría absurda
de desconcierto.
Rúben M.A.
29 nov 2013
ACABA (Vicente Aleixandre)
En volandas,
como si no existiera el avispero,
aquí me tienes con los ojos desnudos,
ignorando las piedras que lastiman,
ignorando la misma suavidad de la muerte.
¿Te acuerdas? He vivido dos siglos, dos minutos,
sobre un pecho latiente,
he visto golondrinas de plomo triste anidadas en ojos
y una mejilla rota por una letra.
La soledad de lo inmenso mientras media la capacidad de una gota.
Hecho pura memoria,
hecho aliento de pájaro,
he volado sobre los amaneceres espinosos,
sobre lo que no puede tocarse con las manos.
Un gris, un polvo gris parado impediría siempre el beso sobre la tierra,
sobre la única desnudez que yo amo,
y de mi tos caída como una pieza
no se esperaría un latido, sino un adiós yacente.
Lo yacente no sabe.
Se pueden tener brazos abandonados.
Se pueden tener unos oídos pálidos
que no se apliquen a la corteza ya muda.
Se puede aplicar la boca a lo irremediable.
Se puede sollozar sobre el mundo ignorante.
Como una nube silenciosa yo me elevaré de mí mismo.
Escúchame. Soy la avispa imprevista.
Soy esa elevación a lo alto
que como un ojo herido
se va a clavar en el azul indefenso.
Soy esa previsión triste de no ignorar todas las venas,
de saber cuándo, cuándo la sangre pasa por el corazón
y cuándo la sonrisa se entreabre estriada.
Todos los aires azules...
No.
Todos los aguijones dulces que salen de las manos,
todo ese afán de cerrar párpados, de echar oscuridad o sueño,
de soplar un olvido sobre las frentes cargadas,
de convertirlo todo en un lienzo sin sonido,
me transforma en la pura brisa de la hora,
en ese rostro azul que no piensa,
en la sonrisa de la piedra,
en el agua que junta los brazos mudamente.
En ese instante último en que todo lo uniforme pronuncia la palabra:
ACABA.
12 nov 2013
INSTANTE
El
ahora sería algo difícil de describir,
porque
ya no existe
llego
el después,
y
ahora hablamos del ayer.
¿Y
el ahora?, ¿donde se quedo?
un
suspiro, un momento, una chispa,
un
reflejo perdido en el agua,
una
distorsión de ondas, que nos hablan del después.
Nuevamente,
el
acto, el impulso,
se
lo llevó el tiempo; de nuevo,
tan
solo veíamos la distorsión del instante.
antes,
quizás,
nada ocurre,
todo
se encuentra en el presente continuo,
del
ahora;
pero
esto no se puede describir,
porque
sería el antes,
y
ahora,
el
después.
Todo
se interconecta,
no
existe el ahora
ni
el después
ni
el antes
todo
está unido en un instante.
Rúben
M.A.
ENCUENTRO
Hola,
¿qué hay de nuevo?;
pronunciaban
los pensamientos
remarcando
con cuerda los sonidos,
contemplando
el sonido apagado.
Por
aquí, todo sigue igual;
respiraba
estridente
lanzando
suspiros acompasados de palabras,
esperando
quien sabe que.
Se
encontraron y contemplaron por última vez;
qué
decir de sus gestos, de su expresión,
qué
decir de sus ojos, de su pasión,
apartaron
la vista y no se volvieron a ver.
Rúben
M.A.
22 feb 2013
LOS
OPUESTOS
¡Luz!,¡oh,luz!,
¿luz?,
¡NO!,
¡oscuridad!
¿Por
qué?,
¿qué
es la luz sin oscuridad?,
¿qué
es la belleza sin fealdad?,
¿qué
es lo contrario a lo contrario?
¿Qué
es cierto y no falso?,
¿por
qué ahora es ahora y no después?
¿Que
vive y que muere?,
si
lo que vive muere y lo que muere da vida.
¿Qué es el amor y el desamor?
Por
donde se cruzaron los caminos, si yo no los marqué.
¿Qué
es el principio?, si todo termina para volver a empezar.
¿Que
son las palabras?, sino artificios de letras que evocan sueños.
Que
son los sueños sin las pesadillas.
Qué es ser feliz sin estar triste.
Que
será de la tristeza sin la felicidad
Los
opuestos se miran y se reflejan, y vuelven a ser lo mismo.
¿Que
es lo mismo?, sino lo otro.
Rúben
M.A.
PEDACITOS
DE CRISTAL
El
silencio de nuevo
revolotea
airado,
con
estruendos de palabra.
Que
decir de las palabras
escritas
rápidamente en la hoja,
que
decir del tiempo que no es más que el ahora.
Por
donde juntar los pedazos de consciencia
que
cayeron y cayeron para convertirse en la razón,
y
que decir de la razón, si fue violada y de ella salió la locura.
No
hay nada más que decir, tan solo se puede contemplar.
Miles
y miles de cristales rotos en el suelo,
sin
forma, sin lugar, desperdigados, separados
arrancados,
yuxtapuestos, espoliados.
Que
decir de los pedacitos de cristales en los cuales te ves,
¿recuerdas
cuando tú mismo te abalanzaste,
los
rompiste y luego ellos volaron al cielo?
Al
cielo de las estrellas y los planetas.
Que
decir de mi cielo estrellado de pedacitos de cristal.
Rúben
M.A.
A VECES
A
veces respiras, otros te dirán que siempre respiras.
A
veces parece que ves, sin embargo ¿qué hay que ver?
A
veces sientes, claro que sientes, ¿pero te sientes?
A
veces te entristeces, porque el sentir es lo que tiene.
A
veces escuchas a la gente, pero ella a ti no te escucha.
A
veces quieres hablar, otros te dirán que te intentas expresar.
A
veces te quieres expresar y te quedas sin palabras.
A
veces no hablas porque no sabes que decir, porque tan solo son palabras.
A
veces caminas, alguien te dirá que corras, pero tú caminas.
A
veces miras a los ojos de otra persona, ¿o es la otra persona la que te mira?
A
veces crees que ves, pero tan solo es una ilusión producto de unas conexiones
sinápticas.
A
veces observas a tus neuronas hablándote, mirándote, escuchándote.
A
veces sueñas, otros te dirán que vives.
A
veces vives, sin embargo ¿qué es vivir?
A
veces sientes como te parpadea tu corazón, pero ¿qué es el corazón?
A
veces te sientas y reflexionas, a veces, a veces y a veces.
Rúben M.A.
LUCES
ENCENDIDAS
A
menudo, muy a menudo;
te
imaginas en lugares distantes
aún
siquiera no imaginados,
tan
solo diferentes.
Porque
el ahora es monótono y continuo,
cual
cuerda fina, infinitamente larga.
Tan
solo sabes, que no estás bien;
¿y
por qué?, preguntaras,
pues
la respuesta es clara,
por
cualquier razón absurda.
¡No!, ¡que no!, ¡¿absurda?! ¡no!,
tan solo, no describible,
es
tan solo, un estado de ánimo,
transitorio,
como todos.
Por
donde andar ahora
si
se dejaron todas las luces iluminando,
si
tú mismo, no eres tú mismo.
Transición,
cambio, duda,
tristeza,
alegría, melancolía.
Qué decir del camino,
si
se dejaron todas las luces encendidas.
Si
ya lo ves todo,
que
te puedo decir yo de lo que veo.
Yo,
simplemente cierro los ojos, porque la luz me asusta.
Rúben
M.A.
7 feb 2013
ESTA VIDA ES UNA TRAGEDIA
No digas que no te lo advertí.
¡No!
¡No me lo advertiste!
Ni tan solo me lo mencionaste.
Oh, ¡sí!,
tu mirada, tus gestos,
ahora lo recuerdo,
¡sí!, ¡sí me lo dijiste!
Pero de una forma mágica,
claro,
¿yo?,
no te hice caso.
¿Por qué?
¿Por qué te lo iba a hacer?
Podía ser que no entendiera tu mensaje.
¡Mentira!
Me estaba engañando a mí mismo.
¿Por qué no me lo dijiste?
¡Ah!, ya sé,
porque no había nada que decir.
Rúben M.A.
31 ene 2013
PENSAMIENTOS VORACES DE PALABRAS
En ocasiones recuerdas momentos perdidos en el
humo,
vuelan
lejos a través del viento de la palabra,
recorren callejones solitarios de pensamientos,
saborean sabores aún no conocidos.
Brillan con brillo tenue y terso,
a través de múltiples cristales de sombra.
Inundan con fuego la mente caprichosa.
Qué lejos y que tan cerca,
tan solo se mueven de nuevo y no saben a dónde van;
que solo o que tan solo.
Tan solo dibujan formas en forma de escritura,
pensamientos voraces de palabras,
aquí las tenéis, espero que disfrutéis.
Rúben M.A.
19 ene 2013
Desde los afectos (Mario Benedetti)
¿Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo?Que uno tiene que buscarlo y dárselo…
Que nadie establece normas, salvo la vida…
Que la vida sin ciertas normas pierde formas…
Que la forma no se pierde con abrirnos…
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente…
Que no está prohibido amar…
Que también se puede odiar…
Que la agresión porque sí, hiere mucho…
Que las heridas se cierran…
Que las puertas no deben cerrarse…
Que la mayor puerta es el afecto…
Que los afectos, nos definen…
Que definirse no es remar contra la corriente…
Que no cuanto más fuerte se hace el trazo, más se dibuja…
Que negar palabras, es abrir distancias…
Que encontrarse es muy hermoso…
Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida…
Que la vida parte del sexo…
Que el por qué de los niños, tiene su por qué…
Que querer saber de alguien, no es sólo curiosidad…
Que saber todo de todos, es curiosidad malsana…
Que nunca está de más agradecer…
Que autodeterminación no es hacer las cosas solo…
Que nadie quiere estar solo…
Que para no estar solo hay que dar…
Que para dar, debemos recibir antes…
Que para que nos den también hay que saber pedir…
Que saber pedir no es regalarse…
Que regalarse en definitiva no es quererse…
Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos…
Que para que alguien sea, hay que ayudarlo…
Que ayudar es poder alentar y apoyar…
Que adular no es apoyar…
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara…
Que las cosas cara a cara son honestas…
Que nadie es honesto porque no robe…
Que cuando no hay placer en las cosas no se está viviendo…
Que para sentir la vida hay que olvidarse que existe la muerte…
Que se puede estar muerto en vida..
Que se siente con el cuerpo y la mente…
Que con los oídos se escucha…
Que cuesta ser sensible y no herirse…
Que herirse no es desangrarse…
Que para no ser heridos levantamos muros…
Que sería mejor construir puentes…
Que sobre ellos se van a la otra orilla y nadie vuelve…
Que volver no implica retroceder…
Que retroceder también puede ser avanzar…
Que no por mucho avanzar se amanece más cerca del sol…
¿Cómo hacerte saber que nadie establece normas, salvo la vida?
4 ene 2013
Todo está bien
LA LOCURA LLAMA A LA RAZÓN
¡Todo está bien!, ¡todo está bien!
repetía la mente,
¡Nada me pasa!, ¡nada me pasa!
¡Me intentan encerrar de nuevo!
Después acabé atado en una cama.
No lo entiendo, ¿por qué?
¡No estás bien!, ¡no estás bien!
¿Quién está bien?
Tu mente se mueve en otra
realidad.
¿Que es la realidad?
Te miro y no eres tú,
frases sin sentido, pensamientos
inconexos.
¿Donde estoy?
No estabas bien, ¿recuerdas?
pero, ¿qué es estar bien?
No vuelvas con lo mismo,
perdiste la cabeza.
¿Tú quien eres para decir esto?
¡Nadie!, ¡nadie!, ¡nadie me entiende!
Yo te entiendo, pero no estás
bien,
¡Vuelve!, ¡vuelve!, ¡vuelve!
¿A dónde quieres que
vaya?
Si mi mundo es este y mi mente está aquí.
Olvídalo ya no me quedan
palabras.
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