"La vida es un único verso interminable"

Gerardo Diego (Ángelus, Imagen, 1918-1921)

3 ene. 2014

AHORA O NUNCA

I.
Parece que se escondieron nuevamente las palabras
a un paso de la letanía y el tedio.
Parece que dibujaron con su brisa el frío de los pensamientos.
A veces te lanzas o se lanzan,
errantes, vespertinas
curiosas, inquietantes.
Son ya muchas veces
las que intento describirlas,
otras veces
las que me describen a mí son ellas.
Con su paso pausado y rápido,
cambiantes y lo vuelvo a decir
errantes,
porque no tienen sentido al principio
y al final parece que tampoco.
El caso es que mascullan escondidas y caen repentinas
como luces de estrellas vivas,
en el océano muerto de la hoja.
Que ilusión de formas
que paisaje de tinta y comas,
la mirada se vuelve contemplativa
y vuelve el ritmo de palabra.
Lento y rápido
pausado y violento,
porque hace mucho que no se quejan
o lo hacen a su manera,
¿y que expresan?
Interconectan esta mente atrapada en el vacío
con su marcha,
su paso de palabra cambiante.

II.
Ya salieron
ya marcharon los pensamientos,
siempre caminaron, pero a veces se detenían.
Para respirar
respiraciones suaves y rítmicas,
para expresar
las profundidades de la noche y el día.
Seguramente caían a golpe de desconcierto
fulgurantes estrellas erráticas vespertinas,
golpeando al tiempo presente del olvido.
Cotidianamente
se miraban y reían
qué decir de sus sentimientos,
silencio,
de nuevo de palabra fría.

III.
¡Salir!
¡Rápido!
¡Deprisa!,
y no salían,
se quedaban boquiabiertas contemplándome
en la noche fría.
Os lo digo de nuevo
¡Salir de ahí!
¡Donde quiera que esteís!
¡Os estoy esperando!
Se ocultaban entre sombras
de recuerdos y lejanía.
Se lo volví a repetir una y otra vez
y tan solo
me encontraba sin ellas.
¿O no?,
las había engañado de nuevo
y aquí estaban.
Se pararon y contemplaron
y rieron y no se enfadaron,
pues eran ellas las que elegían.
Ahora o nunca,
eso decían.
Y es por eso,
tan solo por eso.
Se encontraban acompañadas unas de otras,
tan diferentes, tan iguales
y rápidamente se fueron.
Porque sentían que eran demasiadas
y ya nada mas decían.
Volvieron al oscuro silencio
de la palabra no escrita.

Rúben M. A.

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